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Bogotá, Colombia - América

Ejemplos históricos de una paz desarmada y desarmante – Ed. 127

Ejemplos históricos de una paz desarmada y desarmante

Oscar A. Pérez Sayago
Director General
Confederación Interamericana de Educación Católica

Hay varios conflictos históricos donde se ve con claridad una paz desarmada (renuncia consciente a la violencia) y a la vez desarmante (capaz de transformar al adversario y las estructuras). Te propongo cuatro ejemplos bien utilizables en formación de adultos.

 

1. Gandhi y la Marcha de la Sal (India, 1930).

Gandhi lideró la resistencia contra el dominio británico usando la no violencia (satyagraha: “fuerza de la verdad”), rechazando explícitamente el uso de armas y la respuesta violenta, incluso ante la represión.

En 1930 organizó la Marcha de la Sal: caminó más de 300 km hasta el mar para producir sal y desafiar el monopolio británico, movilizando a miles de personas de forma pacífica.

Esa acción fue desarmada (no hubo ataque armado) y desarmante porque dejó al imperio expuesto ante el mundo: mostraba a un poder armado reprimiendo a personas desarmadas que reclamaban justicia básica, lo que erosionó la legitimidad moral británica y fortaleció la causa de independencia.

 

2. Martin Luther King Jr. y el movimiento por los Derechos Civiles (EE. UU., años 50–60).

Inspirado por Gandhi, Martin Luther King defendió la resistencia no violenta frente a las leyes de segregación racial en Estados Unidos, insistiendo en que el objetivo no era humillar al blanco, sino ganar su amistad y comprensión.

A través de boicots, marchas, sentadas pacíficas y discursos, presionó al sistema sin recurrir a la violencia, lo que contribuyó al desmantelamiento de las leyes de segregación (Jim Crow) e impulsó cambios legislativos clave.

Esta estrategia fue desarmada (no devolvieron violencia a pesar de agresiones, encarcelamientos y asesinatos) y desarmante porque expuso la brutalidad racista ante la opinión pública, movió conciencias y obligó a replantear actitudes y leyes en el propio corazón de la sociedad estadounidense.

 

3. Madres de Plaza de Mayo (Argentina, desde 1977).

En plena dictadura militar argentina, un pequeño grupo de madres comenzó a reunirse en la Plaza de Mayo para exigir saber dónde estaban sus hijos desaparecidos, desafiando al régimen sin armas, solo con su presencia, sus pañuelos blancos y sus rondas silenciosas.

Para evitar ser reprimidas por “reunión ilegal”, caminaban en círculo alrededor de la plaza, convirtiendo un gesto aparentemente débil (un grupo de mujeres mayores caminando) en un símbolo internacional de denuncia y resistencia.

Su acción fue desarmada (no plantearon enfrentamiento armado) y desarmante porque quebró la imagen de poder absoluto de la dictadura: madres y abuelas, consideradas “inofensivas”, se convirtieron en el rostro moral del país, inspirando a otros movimientos de derechos humanos y dejando una huella indeleble en la memoria colectiva.

 

4. Comisión de la Verdad y Reconciliación en Sudáfrica (después del apartheid).

Tras el fin del apartheid, Sudáfrica creó la Comisión de la Verdad y Reconciliación, presidida por Desmond Tutu, como mecanismo de justicia restaurativa: víctimas y perpetradores daban testimonio público de violaciones de derechos humanos; algunos responsables podían recibir amnistía a cambio de verdad completa.

No fue un tribunal clásico de “ganadores contra vencidos”, sino un proceso que buscó unidad nacional y reconciliación mediante verdad, reconocimiento del daño, petición de perdón y propuestas de reparación, evitando una guerra civil o una ola masiva de venganzas.

Este camino fue desarmado (se renunció a resolver el pasado mediante nuevas violencias) y desarmante porque obligó a muchos responsables a mirar de frente el daño causado, escuchar a las víctimas y reconocer su responsabilidad, abriendo posibilidades de convivencia futura.

Estos casos muestran que la paz desarmada no es pasividad: es una forma activa y estratégica de confrontar la injusticia sin reproducir la lógica de la violencia, y se vuelve desarmante cuando toca la conciencia del adversario, de la sociedad o de las instituciones y las obliga a cambiar.

 

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