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Bogotá, Colombia - América

Educar y Cultivar la Ternura

Educar y Cultivar la Ternura

Oscar A. Pérez Sayago

“El Señor con su ternura nos abre su corazón, nos abre su amor” hacia nosotros, para definir la ternura en nuestra relación con los demás, como “el amor que se hace cercano y concreto. Es un movimiento que procede del corazón y llega a los ojos, a los oídos, a las manos. La ternura es usar los ojos para ver al otro, usar los oídos para escuchar al otro, para oír el grito de los pequeños, de los pobres,
de los que temen el futuro; escuchar también el grito silencioso de nuestra casa común, la tierra contaminada y enferma. La ternura consiste en utilizar las manos y el corazón para acariciar al otro. Para cuidarlo.”

Francisco

La ternura irrumpe cuando la persona se descentra de sí misma, sale en dirección al otro, siente al otro como otro, participa de su existencia y se deja tocar por su historia vital. La ternura es el afecto que dedicamos a las personas en sí mismas. Es el cuidado sin obsesión. Es un afecto que, de agua manera, nos abre al conocimiento del otro. En Rio de Janeiro, el Papa Francisco, dirigiéndose a los obispos latinoamericanos presentes, les encomendó la revolución de la ternura como condición de un encuentro pastoral verdadero.

En verdad solo conocemos bien cuando tenemos afectos y nos sentimos involucrados con la persona con la que queremos establecer comunión. La ternura incluye creatividad y la autorrealización junto a la persona que amamos y a través de ella.

La relación de ternura no implica angustia, porque está libre de búsqueda de ventajas y de dominación. El enternecimiento es la fuerza propia del corazón, y el deseo profundo de compartir caminos. La angustia del otro es mi angustia, su éxito es mi éxito, y su salvación o perdición son mi salvación o perdición, y en el fondo no solo la mía , sino de todos.

El vacío aterrador del mundo en el que viven nuestros niños y jóvenes, con su plétora de sensaciones, pero sin experiencias profundas; con demasiado vigor de la musculatura, de sexualismo, de artefactos de destrucción mostrados en los asesinos en serie, pero sin ternura y cuidado de unos para con los otros, para con la Casa Común, para con sus hijos, para con el futuro común de todos.

Por eso es importante educar para reconocer que el amor y la vida son frágiles. Su fuerza invencible viene de la ternura con la que los rodeamos y los alimentamos ininterrumpidamente.

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