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Bogotá, Colombia - América

Tres claves del cuidado de la casa común en la escuela católica – Ed. 83

Tres claves del cuidado de la casa común en la escuela católica - Ed. 83

Oscar A. Pérez Sayago
Secretario General
Confederación Interamericana de Educación Católica

1. Educar en la conciencia ecológica integral

La escuela católica está llamada a formar no solo mentes brillantes, sino también corazones sensibles a la realidad del mundo. Educar en una conciencia ecológica integral implica ayudar a los estudiantes a descubrir que todo está conectado: la persona humana, Dios, los demás y la creación.

La ecología no puede ser reducida a un tema aislado del currículo: debe ser transversal a todas las áreas del saber. La ciencia ayuda a comprender los fenómenos ambientales, la ética promueve el respeto a la vida, la espiritualidad despierta la gratitud y el asombro ante la creación, y la ciudadanía impulsa la participación en soluciones sostenibles.

Formar esta conciencia es sembrar una nueva cultura ecológica basada en la responsabilidad, la solidaridad intergeneracional y el reconocimiento de la Tierra como hogar común y regalo de Dios.

 

2. Vivir la sostenibilidad como expresión de la fe

La fe cristiana no se vive solo en los templos, también se testimonia en el modo como cuidamos del planeta. La escuela católica debe ser un espacio donde la sostenibilidad se viva de manera concreta: uso racional del agua y la energía, reducción de residuos, reutilización de materiales, alimentación saludable y responsable, entre otros.

Estas prácticas no deben verse como simples acciones ecológicas, sino como actos profundamente espirituales, coherentes con la fe en un Dios creador que nos confía el mundo como don y tarea.

El cuidado de la Casa Común, en este sentido, es una forma de caridad: un compromiso con los más pobres, que son quienes más sufren las consecuencias del deterioro ambiental, y con las futuras generaciones, a quienes debemos legar un mundo habitable y justo.

 

3. Promover la participación y el compromiso comunitario

El cuidado de la creación no puede ser una tarea individual o aislada. Debe convertirse en una cultura compartida, vivida en comunidad. La escuela católica puede ser un laboratorio de compromiso ecológico colectivo, involucrando a estudiantes, docentes, familias, personal administrativo y entorno social.

Esto se puede traducir en proyectos escolares como huertas ecológicas, campañas de reciclaje, alianzas con organizaciones ambientales, jornadas de limpieza comunitaria o celebraciones litúrgicas vinculadas con el respeto a la creación (como el Tiempo de la Creación).

Además, la participación activa empodera a los estudiantes como agentes de cambio, desarrollando en ellos habilidades ciudadanas, liderazgo y responsabilidad ética frente al mundo. La escuela católica forma así discípulos misioneros que cuidan la vida en todas

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