Oscar A. Pérez Sayago
Director General
Confederación Interamericana de Educación Católica
En el contexto de la pastoral educativa, trabajar la paz desarmada y desarmante implica avanzar de una fe que se “anuncia” a una fe que se “encarna” en el trato cotidiano, en la disciplina, en la relación con las familias y en el cuidado de los más frágiles.
Para integrarla de modo orgánico en la pastoral educativa, se requiere una conversión pastoral, relacional y pedagógica, acompañada de decisiones concretas que se reflejen en el plan de pastoral, en la convivencia y en la cultura institucional.
- Reconocer el corazón de la escuela: la conversión personal del educador
Antes de incidir en estructuras o proyectos, la paz desarmada y desarmante comienza en el corazón del educador.
La pastoral educativa debe promover que docentes, rectores y coordinadores sean personas que:
- Viven un proceso de interioridad: Practican la oración, la escucha, la lectura del Evangelio y el discernimiento. Aprenden a reconocer sus heridas, reacciones impulsivas y cansancios, sin transferirlos al aula.
- Cultivan la compasión y la humildad:vCorrigen sin humillar, advierten sin burlar, dialogan sin imponer. Aprenden a pedir perdón cuando se equivocan, abriendo el camino para que los estudiantes también lo hagan.
- Reciben acompañamiento pastoral y espiritual: Cuentan con acompañantes espirituales, grupos de reflexión, lectio divina y procesos de discernimiento compartido.
Clave pastoral:
Incluir en el plan de pastoral educativa un eje de formación personal y espiritual para docentes, basado en la lectura del Evangelio, la oración comunitaria y el acompañamiento espiritual.
- Desarmar el lenguaje y la disciplina: una pedagogía de la reconciliación
La paz desarmada exige cambiar el estilo de hablar, corregir y escuchar. Son especialmente sensibles el lenguaje utilizado en la disciplina, el sistema de sanciones y la relación tutor-estudiante.
Para ello, la pastoral educativa puede impulsar:
- Formación en comunicación no violenta y escucha activa: Talleres para docentes, orientadores y coordinadores sobre diálogo restaurativo, mediación y escucha sin juzgar.
- Revisión del sistema disciplinario: Convertir la disciplina en un proceso de acompañamiento y reparación, no solo de sanción. Introducir prácticas de justicia restaurativa: círculos de diálogo, reconocimiento de daño, reparación simbólica o concreta, reintegración al grupo.
- Cultivar la palabra cuidada: Prohibir el insulto, las burlas, los apodos degradantes y el sarcasmo en el trato docente‑estudiante y estudiante‑ Crear consignas de “palabra responsable” y cartas de convivencia que nazcan desde la comunidad, no solo de la dirección.
Clave pastoral:
La pastoral debe ser copartícipe en la revisión del reglamento de convivencia y disciplina, proponiendo criterios de justicia restaurativa, acompañamiento educativo y reparación.
- Convertir la escuela en comunidad reconciliadora
La paz desarmante se hace visible cuando la escuela se percibe como comunidad de pertenencia, no como espacio de exclusión. La pastoral educativa tiene un rol decisivo en configurar este clima de fraternidad.
Acciones concretas:
- Diseñar espacios de palabra y escucha: Círculos de palabra, grupos de reflexión por curso, “talleres de reconciliación” periódicos. Espacios donde se pueda expresar dolor, miedo, exclusión y pedir perdón, moderados desde la pastoral.
- Fortalecer la tutela y la relación tutor‑estudiante: El tutor o coordinador de pastoral no solo es corrector, sino acompañante de la vida interior y relacional del estudiante. Se educa para escuchar, acoger, orientar y acompañar procesos de reconciliación entre pares.
- Promover la co‑pertenencia entre docentes y estudiantes: Comunidades de aprendizaje compartido, encuentros de oración y reflexión intergeneracionales, celebraciones donde la cercanía y la escucha son más visibles que el formalismo.
Clave pastoral:
Incorporar en el plan de pastoral un eje de comunidad reconciliadora con al menos un espacio de diálogo/experiencia de reconciliación por año (por ejemplo, una “Setmana de la Reconciliación” o un “Proceso de Círculos de Paz”).
- Vincular familia, escuela y pastoral en la educación para la paz
La paz desarmada no se construye solo en la escuela; se sostiene en el triángulo familia–escuela–pastoral. La pastoral educativa debe tender puentes entre estos tres polos, especialmente en el cuidado de la palabra y de la relación.
Puntos de atención:
- Formar a las familias en la escucha y el diálogo: Encuentros donde se comparta el significado de la paz desarmada y desarmante, se trabaje el perdón, la escucha sin juicio y el manejo pacífico de la alta tensión familiar.
- Posicionar la pastoral como espacio de acompañamiento familiar: La pastoral puede ser un lugar donde se acogen conflictos familiares, se orienta sobre el diálogo padre‑hijo / madre‑hija, se acompaña procesos de reconciliación intrafamiliar.
- Involucrar a familias en proyectos de solidaridad y reconciliación: Campañas de ayuda a familias vulnerables, acompañamiento a familias inmigrantes, proyectos de fraternidad intercultural.
Clave pastoral:
Crear “células de pastoral familiar” que articulen la pastoral de la escuela con las parroquias, con grupos de padres y con la pastoral juvenil, para que la paz desarmada se viva en el entorno cotidiano del estudiante.
- Unir paz, justicia y cuidado de los más frágiles
La paz desarmante no es neutral; se expresa como opción por los más vulnerables. La pastoral educativa debe integrar la paz con la justicia, la inclusión y la compasión activa.
Para ello, es necesario:
- Identificar y nombrar las exclusiones en la escuela: El estudiante solitario, el que llega tardecito, el que tiene dificultades de aprendizaje, el que vive en fragilidad familiar, el que es objeto de burla por su origen, género o condición socioeconómica.
- Desarrollar proyectos de acompañamiento y protección: Grupos de apoyo emocional, acompañamiento de pares, proyectos de inclusión diversificada, tutorías especiales de acompañamiento espiritual y psicológico.
- Articular la pastoral con la pastoral social y la pastoral de la infancia y juventud: Colaborar con organizaciones de la diócesis, movimientos, ONG, que se ocupan de niñez en situación de vulnerabilidad, migrantes, familias en riesgo.
Clave pastoral:
La pastoral educativa debe asumir como prioridad la protección de los más frágiles y la denuncia de todo tipo de exclusión, convirtiendo el campus de la escuela en un espacio de acogida y de justicia, no solo de excelencia académica.
- Liturgia, celebración y vida: expresiones de la paz desarmante
La paz desarmada y desarmante no puede quedar solo en el plano relacional; debe encarnarse en el misterio celebrado. La pastoral educativa organiza el calendario litúrgico de modo que la paz sea no solo palabra, sino experiencia.
Propuestas concretas:
- Celebrar la Jornada Mundial de la Paz (24 de enero) como eje de un mes de reconciliación: Lectura del mensaje papal, catequesis, exposiciones de estudiantes, compromisos comunitarios de paz.
- Celebrar la Pascua y la misericordia como tiempo de reconciliación: Semana de la reconciliación con sacramento de la reconciliación, círculos de testimonio, encuentros de perdón y reparación.
- Vincular fiestas y celebraciones con proyectos de solidaridad: Encuentros de servicio comunitario, campañas de ayuda, visitas a hogares de acogida, acompañamiento de personas en situación de calle.
Clave pastoral:
El plan de pastoral educativa debe integrar el calendario litúrgico con un calendario de acciones concretas de paz, reconciliación y justicia, de modo que lo espiritual y lo social no estén separados.
- Claves sintéticas para integrar la paz desarmada y desarmante en la pastoral educativa
- Centrar la pastoral en la conversión personal del educador: Incorporar formación espiritual continua, acompañamiento espiritual y grupos de interioridad.
- Desarmar el lenguaje y la disciplina: Formar en comunicación no violenta, escucha activa y justicia restaurativa.
- Convertir la escuela en comunidad reconciliadora: Crear círculos de palabra, acompañamiento de pares y espacios de reconciliación periódicos.
- Articular familia, escuela y pastoral: Desarrollar procesos de pastoral familiar y acompañamiento a familias vulnerables.
- Unir paz, justicia y cuidado de los frágiles: Detener la exclusión, desarrollar proyectos de inclusión y acompañamiento social.
- Encarnar la paz en la liturgia y la vida comunitaria: Vincular el calendario litúrgico con proyectos concretos de paz, misericordia y servicio.
Integrar la paz desarmada y desarmante en la pastoral educativa implica pasar de un discurso sobre la paz a un estilo de presencia eclesial en la escuela. La pastoral dejó de ser un área más de la institución para convertirse en el alma que teje fe, fraternidad, justicia, disculpa y reconciliación en el corazón de la comunidad educativa.
Cuando los estudiantes perciben que la escuela los escucha, los corrige con ternura, los protege y los incluye; cuando las familias sienten acogido su dolor y acompañada su fragilidad, y cuando los docentes experimentan la pastoral como espacio de conversión y esperanza, entonces la paz desarmada y desarmante deja de ser una frase teológica para convertirse en la cara viva del Evangelio en la escuela católica.




