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Decálogo para educar en una paz desarmada y desarmante – Ed. 151

Decálogo para educar en una paz desarmada y desarmante - Ed. 151

Oscar A. Pérez Sayago
Director General
Confederación Interamericana de Educación Católica

El enfoque se inspira en la lógica educativa de la paz desarmada y desarmante promovida por el magisterio reciente: la paz se construye con diálogo, educación, escucha, cuidado y bien común, no con imposición ni violencia.

  1. Escuchar antes de responder.

Escuchar es más que oír palabras; es abrir espacio interior para comprender al otro antes de reaccionar. En la escuela, esto implica formar estudiantes y docentes capaces de suspender el juicio inmediato, leer el contexto y reconocer emociones, porque la escucha auténtica reduce conflictos y mejora la convivencia.

  1. Dialogar antes de imponer.

Dialogar significa buscar verdad y bien común con el otro, no vencerlo. En una comunidad educativa, este principio invita a sustituir órdenes rígidas por procesos de conversación, discernimiento y participación, de modo que la autoridad se ejerza como acompañamiento y no como dominación.

  1. Comprender antes de condenar.

Comprender exige mirar las razones, heridas y circunstancias que hay detrás de una conducta. Educativamente, este punto ayuda a pasar de la etiqueta “culpable” a una pedagogía del acompañamiento, donde primero se interpreta la situación con justicia y misericordia antes de emitir una sanción o juicio.

  1. Reparar antes que castigar.

Reparar significa buscar la restauración de la relación, la verdad y el daño causado. En el ámbito escolar, este criterio fortalece prácticas restaurativas: reconocer el error, asumir responsabilidad, compensar el daño y reconstruir vínculos, para que la disciplina eduque y no solo castigue.

  1. Incluir antes que excluir.

Incluir es reconocer la dignidad de toda persona y garantizar su lugar en la comunidad. Este punto se concreta cuando la escuela protege a quienes quedan al margen por pobreza, diversidad, discapacidad, origen, fe o rendimiento académico, haciendo de la convivencia una experiencia de pertenencia real.

  1. Cooperar antes que competir.

Cooperar forma en la lógica del nosotros, no del yo contra todos. En la educación, esto supone promover aprendizaje colaborativo, metas compartidas y servicio solidario, porque la cultura de paz se fortalece cuando los logros se entienden como construcción común y no como triunfo individualista.

  1. Cuidar antes que dominar.

Cuidar es ejercer la autoridad como servicio, protección y acompañamiento. En clave pedagógica, este principio invita a líderes, docentes y familias a ejercer una presencia cercana, paciente y responsable, que fortalezca la vida interior, la confianza y el crecimiento integral de los estudiantes.

  1. Perdonar antes que vengarse.

Perdonar no niega el daño, pero evita que el mal reciba la última palabra. En contextos escolares y familiares, el perdón abre caminos de reconciliación, sanación y madurez moral, y ayuda a romper la espiral de agresión, resentimiento y retaliación.

  1. Construir antes que destruir.

Construir implica orientar el talento, la palabra y la energía hacia la vida, la verdad y el bien común. En educación, este punto se expresa en proyectos de paz, ciudadanía, convivencia, pensamiento crítico y cuidado de la casa común, porque la escuela está llamada a ser una fábrica de futuro, no un espacio de deterioro humano.

  1. Amar antes que vencer.

Amar es elegir la dignidad del otro por encima de la necesidad de imponerse. Este punto resume todo el decálogo: educar para amar significa formar personas capaces de servir, escuchar, comprender y construir comunión, entendiendo que la verdadera victoria es la fraternidad y no la humillación del otro.

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