Oscar A. Pérez Sayago
Director General
Confederación Interamericana de Educación Católica
El enfoque se inspira en la lógica educativa de la paz desarmada y desarmante promovida por el magisterio reciente: la paz se construye con diálogo, educación, escucha, cuidado y bien común, no con imposición ni violencia.
- Escuchar antes de responder.
Escuchar es más que oír palabras; es abrir espacio interior para comprender al otro antes de reaccionar. En la escuela, esto implica formar estudiantes y docentes capaces de suspender el juicio inmediato, leer el contexto y reconocer emociones, porque la escucha auténtica reduce conflictos y mejora la convivencia.
- Dialogar antes de imponer.
Dialogar significa buscar verdad y bien común con el otro, no vencerlo. En una comunidad educativa, este principio invita a sustituir órdenes rígidas por procesos de conversación, discernimiento y participación, de modo que la autoridad se ejerza como acompañamiento y no como dominación.
- Comprender antes de condenar.
Comprender exige mirar las razones, heridas y circunstancias que hay detrás de una conducta. Educativamente, este punto ayuda a pasar de la etiqueta “culpable” a una pedagogía del acompañamiento, donde primero se interpreta la situación con justicia y misericordia antes de emitir una sanción o juicio.
- Reparar antes que castigar.
Reparar significa buscar la restauración de la relación, la verdad y el daño causado. En el ámbito escolar, este criterio fortalece prácticas restaurativas: reconocer el error, asumir responsabilidad, compensar el daño y reconstruir vínculos, para que la disciplina eduque y no solo castigue.
- Incluir antes que excluir.
Incluir es reconocer la dignidad de toda persona y garantizar su lugar en la comunidad. Este punto se concreta cuando la escuela protege a quienes quedan al margen por pobreza, diversidad, discapacidad, origen, fe o rendimiento académico, haciendo de la convivencia una experiencia de pertenencia real.
- Cooperar antes que competir.
Cooperar forma en la lógica del nosotros, no del yo contra todos. En la educación, esto supone promover aprendizaje colaborativo, metas compartidas y servicio solidario, porque la cultura de paz se fortalece cuando los logros se entienden como construcción común y no como triunfo individualista.
- Cuidar antes que dominar.
Cuidar es ejercer la autoridad como servicio, protección y acompañamiento. En clave pedagógica, este principio invita a líderes, docentes y familias a ejercer una presencia cercana, paciente y responsable, que fortalezca la vida interior, la confianza y el crecimiento integral de los estudiantes.
- Perdonar antes que vengarse.
Perdonar no niega el daño, pero evita que el mal reciba la última palabra. En contextos escolares y familiares, el perdón abre caminos de reconciliación, sanación y madurez moral, y ayuda a romper la espiral de agresión, resentimiento y retaliación.
- Construir antes que destruir.
Construir implica orientar el talento, la palabra y la energía hacia la vida, la verdad y el bien común. En educación, este punto se expresa en proyectos de paz, ciudadanía, convivencia, pensamiento crítico y cuidado de la casa común, porque la escuela está llamada a ser una fábrica de futuro, no un espacio de deterioro humano.
- Amar antes que vencer.
Amar es elegir la dignidad del otro por encima de la necesidad de imponerse. Este punto resume todo el decálogo: educar para amar significa formar personas capaces de servir, escuchar, comprender y construir comunión, entendiendo que la verdadera victoria es la fraternidad y no la humillación del otro.




