Escapar de la queja constante, crear redes de apoyo entre compañeros o anotar los momentos positivos que se producen en el aula son algunas de las recomendaciones de la docente y coach del bienestar para profesores Alicia Díaz Alberola.
Aun así, el día a día en el aula continuará siendo retador y agotador y los docentes también se preguntan qué pueden hacer a nivel personal. La respuesta está en cambiar su estado interno. Pero, ¿cómo se consigue esto? Trabajando en su desarrollo personal y en su autoconocimiento, observando qué es lo que más le agota de la jornada y descubriendo qué aspectos podría mejorar para conseguir regularse emocionalmente y llevar mejor el día a día. A continuación propongo cinco pautas que ayudarán a los docentes a prevenir el desgaste profesional.
Salir del bucle de la queja
Una dinámica habitual es que algún compañero se queje en la sala de profesores de lo mal que se comporta el alumnado, la cantidad de carga que hay… Sin embargo, este tipo de comentarios pueden volverse ‘tóxicos’, ya que lo único que consiguen es aumentar el malestar de la atmósfera. Si aprendemos a distinguir qué cosas están dentro de nuestro control (por ejemplo, la gestión de nuestras emociones o cómo afrontamos un conflicto) de las que no (como el comportamiento del alumnado o de las familias) ahorraremos energía y pondremos el foco en lo que podemos mejorar de nuestra realidad.

Desarrollar nuestra inteligencia emocional
Se habla mucho de inteligencia emocional en educación pero una parte del profesorado todavía desconoce estas competencias, que son esenciales para gestionar la gran carga mental y emocional que conlleva esta profesión: para abordar conflictos inesperados en clase y no reaccionar impulsivamente, para hacer frente a tutorías, para cuidar de nuestras emociones en los días más difíciles…
Conectar con el ‘para qué’
Muchos maestros y profesores eligen esta profesión por vocación, pero a veces el agotamiento pesa más y se olvidan de lo que les motivó a iniciarse en ella. ¿Y si anotas cada semana esos buenos momentos de clase que te recuerdan por qué te convertiste en profe? Por ejemplo, el comentario de algún alumno cuando aprendió algo nuevo o algún halago que recibiste en clase.

Crear redes de apoyo
La cohesión en los claustros varía mucho de un centro a otro y en algunos casos es complicado que el profesorado comparta su malestar con sus compañeros; quizás porque no tiene la confianza suficiente con ellos o siente que no le van a comprender. De ahí que sea tan importante crear pequeños espacios de escucha para fortalecer la conexión del claustro y compartir preocupaciones, ya que eso contribuiría a reducir el estrés del día a día.




