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La innovación, remedio contra todo mal

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La innovación, remedio contra todo mal

Cuando iniciaron Las increíbles andanzas de La Kombi Cholulteca en México, el objetivo era visitar emprendimientos educativos alternativos (alternativos al modelo educativo tradicional, claro). Esta premisa en algunos casos se tradujo en emprendimientos educativos innovadores, ya sea desde la pedagogía o desde las propias relaciones dentro de la comunidad educativa.

Eso de traducirse me llevó a la conclusión de que la palabra innovación es la máxima enemiga de la innovación. Hoy parece que innovar es solo colocar una pizarra eléctrica, atiborrar de tabletas a los estudiantes, diseñar un software, o en algunos casos incluso, alcanza con decir que somos «innovadores» para parecer que mágicamente lo somos. No importa si la foto de la escuela sigue siendo la misma que hace 150 años, lo importante en realidad es mostrarnos como innovadores y decir que si no innovamos mataremos a la escuela.

Según Jaume Carbonell la innovación educativa tiene que ver con un conjunto de ideas, procesos y estrategias, más o menos sistematizados, mediante los cuales se trata de introducir y provocar cambios en las prácticas educativas vigentes. En conclusión, la innovación no es una actividad puntual sino un proceso cuyo propósito es alterar la realidad vigente, modificando concepciones y actitudes, alterando métodos e intervenciones y mejorando o transformando, según los casos, los procesos de enseñanza y aprendizaje, apelando a la subjetividad del sujeto y al desarrollo de su individualidad.

Dicho esto, la innovación no tiene que partir necesariamente de estructuras ultra tecnificadas ni tampoco de recursos informáticos que nos acerquen a la idea del siglo XXI como la tenemos en nuestras cabezas desde que de niños nos pusieron a mirar horas y horas de «Los Supersónicos». Basta con entender que los seres humanos hemos innovado desde que nos dimos cuenta que somos personas y estábamos rodeados de selvas, ríos, montañas, playas y animales salvajes.

Innovar entonces puede que sea cualquier cosa que nunca hicimos, siempre que esta sea parte de un plan mayor que busque una transformación profunda. En definitiva, para decir que innovamos no solo es necesario tener en claro de qué hablamos cuando hablamos de innovación, sino también para qué sirve innovar en una escuela (o sus derivados) o siquiera si es necesario para los estudiantes y su aprendizaje, porque la innovación por la innovación misma no será nunca la respuesta que nos garantice ningún tipo de éxito entre los chicos. Terminará siendo un eslogan del cual puedan valerse quienes intenten sacar un rédito de sus supuestos resultados, y acá todos sabemos de quienes hablamos.

 Bruno Iriarte.  Docente a bordo de @lakombicholulteca recorre América Latina, buscando experiencias de educación no tradicional para reflexionar acerca de la escuela que queremos. 

 

Foto de creativeart. Tomada de Freepik

Autor: Bruno Iriarte

Publicado en: Magisterio

Fecha de consulta: 3/12/2019

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